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En primera persona: Marcos Castro (Universidad de Málaga, UMA)

En primera persona: Marcos Castro (Universidad de Málaga, UMA)

Economía y Cambio Climático

Marcos Castro, doctor en Economía por la UMA: “Es imposible comparar valores económicos y no monetarios: lo más valioso es aquello cuya pérdida es irreversible”

La Cumbre de Río, en 1992, supuso una epifanía para este docente universitario de Economía Aplicada. El descubrimiento de la economía ecológica le hizo unirse a una “tribu de economistas heterodoxos” que, alejados de la “economía crematística y técnica”, apostaban por el paradigma de la sostenibilidad.

Aunque Marcos Castro, economista de la UMA, es ecologista convencido (ha promovido, desde la década de los noventa, la creación de numerosos procesos de Sostenibilidad Agenda 21, así como de planificación estratégica en territorio andaluz), se muestra cauto en las opciones de una sociedad que “tendrá que adaptarse y mitigar de forma urgente” los efectos “irreversibles” de la abusiva emisión de dióxido de carbono. Es necesario, desde la corriente económica heterodoxa que él sigue, partir de unos principios de “justicia climática”, puesto que no todas las regiones podrán adaptarse tan fácilmente hacia economías resilientes. “El acceso al agua y a zonas de alto valor ecológico serán ventajas competitivas en esa adaptación climática”, resalta.

Si hablamos de economía y cambio climático, debemos señalar el impacto ambiental de los plásticos… pero también pensar en la adaptación de cara a la subida de las temperaturas  (“entre 1,9º C y 4,6º C, en los próximos cien años”, asegura). Habría que plantear modelos de arquitectura bioclimática, soluciones de movilidad independientes de los combustibles fósiles y realizar una transición energética. Lo más díficil.

Contra el economicismo

Este profesor de la UMA está situado en esa corriente de pensamiento que huye de la “miopía economicista” y amplía la visión de la ciencia económica, incorporando disciplinas como la biología y la ecología. Que observa las propias leyes de la naturaleza, ignoradas por la obsesión con los recursos naturales, considerados desde la economía moderna como “recursos productivos”. Pero, ¿cómo se afronta el cambio climático en la universidad? Castro reconoce que todavía no se percibe como un asunto realmente serio, de ahí que su presencia en la investigación (y no en la gestión o la docencia). Se están dando tímidos pasos hacia un “campus sostenible e inteligente”, si bien no existe una estrategia planeada al respecto por parte de la institución.

Ello no quita que abogue, entre sus estudiantes, por una economía verde que constituye toda una “oportunidad de generación de empleo” ante el calentamiento global. Sin embargo, al fin y al cabo el ámbito universitario tampoco escapa del paradigma dominante, lejos aún de “una economía más real, más centrada en los recursos locales y que genere un valor añadido para el bien común” hacia la que la sociedad debería dirigirse, según Castro. Se lamenta que, de esta manera, gran parte del alumnado aspire a trabajar para multinacionales ajenas a la huella ecológica que producen, además de a cualquier atisbo de responsabilidad social corporativa.

Pero hablemos de cambio climático…

¿Cuál es la situación en el arco mediterráneo, y en Málaga en particular? Aquí el profesor Castro rompe una lanza por el mar, “el gran  olvidado” a pesar de ser “el principal termómetro, donde se producen importantes procesos de equilibrio térmico”. “El Mediterráneo está muriéndose, en palabras de David Karl, el más prestigioso oceanógrafo del mundo”, dice. El mismo mar de todos los veranos. El mismo mar que suavizará las consecuencias del cambio climático en Málaga, no así en otros territorios de interior.

De modo que el pronóstico no parece muy bueno: “en nuestra provincia seguirán produciéndose los cambios de forma paulatina, pero si tomamos medidas estos cambios serán asimilados a tiempo”. Tanto la agricultura y el turismo como las ciudades en sí tendrán que adaptarse. La naturaleza nos dará motivos para ello con el aumento de las lluvias torrenciales -y la erosión y pérdida de suelo-, la prolongación de los períodos de sequía, y la alteración de la biodiversidad animal y vegetal (especies invasoras).

Esperanza en la transición verde

No obstante, también apunta a las soluciones que se van trabajando en redes, foros y alianzas contra el cambio climático como la MedCOP* celebrada en Tánger en 2016. A la ejecución de políticas concertadas con otros territorios para afrontar cuestiones como la “movilidad, la generación de energía, el urbanismo y las actividades económicas”, con paneles de personas expertas que puedan realizar un diagnóstico estratégico “evaluando la resiliencia local de los municipios de interior y proponiendo un plan de acción frente al cambio climático en la provincia”. Y a una idea altamente sugestiva para quienes no sepan nada en materia de economía ecológica, esa “imposibilidad de comparar entre valores económicos y no monetarios, siendo lo más valioso aquello cuya pérdida es irreversible”.

Por eso, a la pregunta de un lugar esencial en Málaga para preservar, responde preservar implica definir lo más valioso: “querría preservar la vida como lo más esencial, la biodiversidad”. Aunque la sobreexplotación de nuestro litoral, a nivel marino y en cuanto al “recurso suelo”, no se haya caracterizado por ser ejemplar.

Es necesario formarse en lo que a cambio climático se refiere. Por eso le pedimos a Marcos Castro una recomendación lectora. “El manual de la Transición: de la dependencia del petróleo a la resiliencia local” (2014), de Rob Hopkins, es la obra elegida. Hopkins, ambientalista inglés y fundador del movimiento de Transición (Transition), asume la teoría del cénit del petróleo (Peak Oil) como una perspectiva de futuro sin petróleo preferible para el bienestar. El libro “es una auténtica guía para diseñar una estrategia que evite el colapso de la economía local derivado de las crisis energética, productiva y del cambio climático”, según el economista.

¿Qué frase le inspira? Elige una de Barack Obama muy ilustrativa de la situación actual: “somos la primera generación en sentir el impacto del cambio climático, pero la última que puede hacer algo al respecto”.

*Foro Mediterráneo contra el cambio climático organizado por la Unión por el Mediterráneo (y por la ciudad tangerina, en aquella ocasión), que reunió a cerca de 2.000 expertos y expertas de Europa y la cuenca mediterránea.


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